Saltar para: Posts [1], Pesquisa [2]

Quem sai aos seus

Um blogue para a Madalena, para a Teresa e para a Francisca.

Elas crescem

Chamam-me "a menina mãe" (a Francisca) e dizem coisas como "estou determinada" (Teresa) ou "hashtag 'tou chateada" (Teresa) ou querem ir ver o Ed Sheeran (Madalena).

Para implicar com o feminismo tudo serve

b0dca124-7ebf-4cd8-a854-c4f982042ccc.jpg

 

 

Que a Serena Williams usou o feminismo em vão para se justificar de uma derrota parece claro. Passar disso para lhe chamar a estratégia da vitimização (e assim diminuir a questão), como faz João Miguel Tavares neste texto, vai um passo muito grande. O feminismo não deixa de ser importante porque uma atleta o usa num mau dia.

Além disso, Serena Williams é uma grande, grande atleta. Apenas teve ce enfrentar uma derrota épica em público. Quantos de nós conseguiríamos? Tão poucos que todos os grandes atletas do mundo não enchem um Estádio da Luz.

E embora o comportamento me pareça inaceitável -- mereceu todas as penalizações (pelo conteúdo e pela forma) --, não é isso que diminui a importância do que está em causa: uma sociedade orientada para manter o poder entre certas pessoas, deixando muitas outras, com idênticas capacidades, de fora.

Temos de nos habituar também a isto: o feminismo É um assunto e vai ser mal usado. Não deixa de ser importante por isso.

Mas, já agora, sim, num sentido lato, sim, Serena Williams é uma vítima. Ou melhor, ela é uma flor que teima em nascer no pântano. Quando, em outras situações, Serena diz "eu", quer dizer "nós", como nos poemas de Maya Angelou (estive a ver este esclarecedor documentário).

Serena sobressai num país onde o racismo é um facto. Sobressai num mundo em que as mulheres ganham menos do que os homens. Ela, em concreto, até pode ganhar mais, mas vamos comparar historicamente? Vamos comparar o simples facto de ser preciso salientar as diferenças de salários nesta e em outras profissões?

Lá está. Quando se trata de implicar com o feminismo, tudo serve.

 

|foto: AP, e a Serena continua a levar os melhores modelos para o court|

Comida para o pensamento

Este artigo de Ana Botín, presidente executiva do Banco Santander, merece ser lido, e comentado, de fio a pavio.

Daria (quase) uma tese de mestrado, o que se revela impossível agora. Então, deixo o possível -- link e texto -- guardando para ocasião mais propícia o devido comentário.

(O original foi publicado pela própria na sua conta do Linkedin, aqui deixo a tradução em espanhol que encontrei no El Pais, graças ao meu marido)

Por qué me considero feminista y tú también deberías

"Cuando antes de verano Pepa Bueno me preguntó en su programa de la Cadena Ser si era feminista, de forma instintiva respondí que sí. Y la verdad no lo dudé. Curiosamente, mi respuesta ha causado sorpresa, apoyo, algunas críticas y ¡mucho y bienvenido debate!

De hecho, como le dije a Pepa en aquella entrevista, si me hubiera hecho la misma pregunta hace 10 años, probablemente habría contestado que no. Pero al contrario de lo que se ha especulado, en este tiempo no he pasado por ningún proceso de conversión.

Llevo muchos años como ejecutiva. Años en los que he visto suficiente como para saber que, en general, las mujeres no reciben un trato justo. Con frecuencia he escuchado al feminismo equipararse con el establecimiento de cuotas, algo que instintivamente a mí no me parecía la respuesta adecuada. Porque puede ser injusto tanto para los hombres como para las mujeres. En parte sigo pensando lo mismo. No se trata de culpabilizar a los hombres. Ni tampoco se trata de dar ventaja a un género sobre el otro.

Es evidente que mujeres y hombres no somos exactamente iguales, ni física ni psicológicamente —aunque nos parecemos más de lo que algunos creen—. Lo más significativo es que las mujeres estamos expuestas a experiencias y expectativas muy diferentes a lo largo de nuestra vida. Aún así, considero que tenemos las capacidades intrínsecas para avanzar por méritos propios. En mi caso, opté por hablar claro y trabajar más que mis jefes, algo que aprendí durante mis años en un Banco Americano, la mayoría del tiempo en Nueva York.

Esa defensa de una misma, sin embargo, no tiene por qué ser solo una defensa personal. En el fondo, tal y como apuntaba la poeta Maya Angelou, “cada vez que una mujer se defiende a sí misma, sin saberlo, sin pretenderlo, defiende a todas las mujeres”.

Sheryl Sandberg ha liderado recientemente este feminismo en su libro “Lean In” (“Vayamos adelante”, en su traducción al español). A menudo, dice Sandberg, cuando las mujeres no defendemos nuestras capacidades, dejamos de competir por llegar a posiciones de influencia y no logramos ascender. El feminismo de Sandberg defiende que las mujeres podemos ascender profesionalmente si trabajamos más, si hablamos claro y a la vez presionamos para conseguir condiciones de trabajo más flexibles, que nos permitan compaginar nuestra profesión y nuestra vida personal. Es un feminismo autosuficiente, en el que te puedes valer por ti misma. No requiere una organización colectiva y, mucho menos, necesita la etiqueta pública de “feminista”. Por esa misma razón no es estrictamente político y, quizá por eso, es algo que a muchas profesionales como yo nos resulta atractivo de forma natural.

Sin embargo, al reflexionar ahora sobre ello, mi conclusión es que mis ideas sobre la igualdad de género, también las de hace diez años, no son una variante de ese feminismo autosuficiente de Sandberg. Ya sabía entonces que, aunque las mujeres sí necesitamos aprender a defendernos mejor, y ser más asertivas, estos esfuerzos individuales no serían suficientes para lograr el cambio que necesitamos. Ya entonces pensaba que, además de esa fortaleza individual, también necesitábamos cambios estructurales en la organización del trabajo, si aspiramos a un entorno laboral más justo.

He constatado esa necesidad de asertividad personal y de cambio estructural en todas las empresas en las que he trabajado. Hace más de diez años, en abril de 2008, cuando era presidenta de Banesto, pronuncié un discurso en la Escuela de Negocios de Deusto, en Bilbao, en una sala con gran mayoría de hombres. Ese discurso describe mi filosofía sobre un entorno laboral más igualitario.

Hablaba de la importancia de que las mujeres actuáramos con más confianza en nosotras mismas; y de que teníamos también que cambiar la cultura laboral —y en consecuencia la sociedad— si queríamos ver avances en materia de igualdad. Y lo que es más importante, desde entonces estas ideas se han reflejado en las políticas de igualdad que impulsamos primero en Banesto, después en Santander en el Reino Unido y más recientemente en el conjunto del Banco Santander. En aquel discurso ponía énfasis en los beneficios de la diversidad en la empresa. Con datos de distintos estudios explicaba que tener una proporción más alta de mujeres en puestos directivos, además de ser justo, es bueno para el negocio.

Además de talento, las mujeres aportan al negocio competencias complementarias a las de los hombres: mejor comunicación interpersonal, cooperación, pensamiento horizontal y capacidad de escuchar de verdad. También mayor empatía y capacidad de priorizar. Ya en 2008 existían estudios que mostraban que, en los grupos de trabajo con una sana mezcla de mujeres y hombres, había mejor comunicación, estaban más abiertos a nuevas ideas y la confianza entre los miembros del grupo era mayor. Y el resultado era más eficiencia, mejor rendimiento. Todos ganamos. Una parte del aumento de representación femenina, especialmente en posiciones de liderazgo, llegará por mujeres que sean autosuficientes (“Lean in”) y se valgan por ellas mismas. Pero, si de verdad valoramos la capacidad de escuchar y de colaborar en nuestros equipos, la opción no es siempre animarles a “usar los codos”. La respuesta es más bien asegurar que tanto las personas que son mejores en hablar claro como aquellas que saben escuchar de verdad, ya sean hombres o mujeres, puedan contribuir.

Con los años estoy más convencida de que no son suficientes los cambios de actitud de las mujeres, se necesitan medidas proactivas. Por ejemplo, un estudio de McKinsey de hace unos años demuestra que, cuando se abre una nueva posición en la empresa, muchos hombres que se postulan cumplen solo con el 50-60% de los requisitos del puesto. Las mujeres, sin embargo, se presentan cualificadas en un 100 o 120% en la mayoría de los casos. Es decir, incluso cuando están muy cualificadas las mujeres se muestran más inseguras y son menos insistentes que los hombres. Cuando se busca talento, por tanto, es importante contar con un sistema capaz de identificar a estas mujeres, ofreciendo formación para mejorar su asertividad y valorando estas diferencias entre hombres y mujeres.

Todavía hoy, un punto clave en el tema de igualdad de oportunidades es el trabajo doméstico, a menudo el segundo turno para la mujer. De nuevo, en mi discurso de Deusto utilicé como ejemplo los datos de la Encuesta Nacional de Salud de España de 2006, que mostraban que las mujeres dedicaban un número de horas a la semana muy superior al de los hombres, tanto en el trabajo doméstico como en el cuidado de los niños (13 y 25 horas más, respectivamente). Ésta sigue siendo una de las principales diferencias entre los dos géneros en Europa en la actualidad.

Para que cada vez más hombres puedan compartir esa responsabilidad doméstica, necesitamos políticas públicas que permitan mayor flexibilidad en el entorno laboral, dije entonces. Es muy difícil para las mujeres negociar estos acuerdos de forma individual. El impulso para lograr la igualdad es también un impulso para conseguir un mayor equilibrio entre la vida laboral y personal para todos, hombres y mujeres. Para ello, decía, debemos medir los resultados de los equipos basándonos en datos y no en las horas que pasan en la oficina. El teletrabajo ha de ser una opción. Y los directivos tienen que ser capaces de priorizar, organizar, delegar y descartar malos hábitos —como largas comidas o reuniones de última hora convocadas al final del día—. Todo esto forma parte de una cultura que no favorece a las mujeres. Y estos cambios son más fáciles de abordar de forma estructural que de forma individual.

Hoy sigo creyendo en los cambios que implementamos. Estoy orgullosa de los avances que conseguimos hace 10 años en Banesto para mejorar las cosas. Y estoy orgullosa de los avances y actuaciones en marcha de los últimos años en el Grupo Santander. Estos avances, lejos de ser una amenaza para los hombres, son una oportunidad de sumar talento laboral y desarrollo social. Todos ganamos.

Así que, si mi feminismo de hace tiempo iba más allá de la autosuficiencia de Sandberg, ¿qué ha cambiado para que entonces no me considerara públicamente feminista y ahora sí? La tecnología digital tiene mucho que ver. Las redes sociales, en concreto, han modificado completamente el debate sobre la mujer. El movimiento viral #Metoo en respuesta a las acusaciones sobre Harvey Weinstein es el último y espectacular ejemplo del poder de las redes sociales para enfocar el debate y promover el cambio.

La socióloga Zeynep Tufekci, especialista en el impacto social de la tecnología, nos ayuda a entender el papel de las redes sociales como catalizador del cambio. En un artículo en el Financial Times, habla del poder del activismo público. Los hashtags, dice, se parecen bastante a las manifestaciones. Sirven para hacerle saber a la gente que no está sola. Es decir, tú y yo no solo sabemos lo mismo. Ahora sabemos que otros también lo saben. Y esto es algo que cambia el cálculo de riesgo cuando haces una manifestación pública.

Hasta ahora, quienes cometían abusos sexuales se protegían por el aislamiento que generaban en sus víctimas y la cultura del sentimiento de vergüenza de la sexualidad y del cuerpo femenino. No en vano, para prevalecer, los gobiernos autoritarios utilizan la represión, pero también el aislamiento. Esto, según Tufekci, “conduce a una espiral de silencio, ya que muchos dan por hecho que sus sentimientos de oposición y rebelión son una excepción y que sus silenciosos vecinos son defensores del régimen”.

Pero en 2017, dice Tufekci, estas dos formas de control, la represión y el aislamiento, se han vuelto más difíciles de mantener. “Se han abierto las compuertas de la conexión, online y offline, haciendo más difícil el control de la gente a través del aislamiento y el miedo”. Los impactantes relatos de abusos sexuales que se han compartido en las redes sociales me han hecho ver que el aislamiento de la mujer es una de las razones que ha permitido el acoso. Y que hay mucho más por hacer de lo que creía. ¿Es éste el mundo que queremos? Me di cuenta de la cantidad de mujeres afectadas que habían guardado silencio por algo que, equivocadamente, consideramos excepcional: la amenaza de la violencia. Pero, al abrirse esas “compuertas de conexión”, creando un espacio para exponer el abuso y demostrando el enorme poder que tiene decir las cosas públicamente, quise ser parte de esa conexión.

Curiosamente, Sheryl Sandberg también ha defendido acabar con esa espiral de silencio. Después de las revelaciones sobre Weinstein comentó: “No se trata solo de él. Ni de los otros hombres que también lo hacen… Se trata de todas las personas a su alrededor que lo saben y que no hacen nada”. Así que sí, son admirables las mujeres autosuficientes, son significativos los cambios que algunos hemos puesto en marcha en nuestro entorno, pero es necesario hacer aún más para cambiar los cimientos de la sociedad; y hacerlo de forma colectiva.

Hoy soy consciente de que decir las cosas públicamente, de forma solidaria con otras mujeres, tiene el poder de cambiar. Soy consciente de estar en una posición privilegiada para hacerlo. Así que, cuando hablo, no lo hago solo por mí misma. Lo hago, junto con la gran mayoría de los hombres que nos apoyan, por todas las mujeres. Por eso mi feminismo es ahora público. Y quizá el tuyo también debería serlo."

 

 

 

 

As férias

Primeira semana de férias e não consigo deixar de pensar em trabalho e no que ficou por fazer. Segunda semana, começo a relaxar e a apontar cenas em cadernos. Em setembro é que vai ser: vou ser uma mãe perfeita, uma jornalista perfeita, vou dominar tudo. Agora estou nesta fase, já a vislumbrar a terceira, e última, semana -- snif, snif -- aquela em que me vai dar para duas coisas: uma neura tremenda por ter de voltar a ter trela, uma alegria imensa por voltar ao redil. Tenho mil ideias, mil planos, a agenda limpinha, a energia ao máximo.

O descanso no campo está a saber muito bem. Abrimos a porta e estamos no jardim, portanto dispensamos ir a qualquer outro sítio. Temos sardaniscas velozes a passearem-se entre nós. Passam tratores e o carro do lixo acordou-nos a pedir que desviássemos o carro para passar. Eram bem mais de 09.00. Dormimos bastante. Têm sido dias de Netflix e YouTube, estou a experimentar uma receita de limonada com hortelã, o António revelou-se um craque na grelha. Não se passa nada, a não ser no outro dia quando a mulher carteira de mota colidiu com a viatura ligeira branca e teve de ser assistida pela ambulância. De resto, não se passa nada.

Cá em casa, a Francisca quer ser "quem manda", a Teresa fez 8 anos, partiu um dedinho do pé a fazer acrobática caseira, e a Madalena foi trabalhar com os avós pela primeira vez. Estivémos de molho no primeiro dia de calor, fugimos para o cinema no segundo (Os Incríveis é incrível). Nesse sábado, o dia mais quente desde que se contam os dias quentes, ficámos na rua até quase às 04.00 sem casaco. Aqui, onde todos os fins de dia exigem um agasalho, é coisa inédita.

 

O machismo das pequenas coisas

O meu marido está sempre a dizer: jornalismo é escolha. 

 

Jornalismo é escolha. 

Jornalismo é escolha.

Jornalismo é escolha.

 

Escolhemos os assuntos a abordar.

A maneira como abordamos o assunto.

O ponto de vista.

Escolhemos as pessoas com quem falamos sobre os assuntos. 

Escolhemos as pessoas com quem não falamos sobre os assuntos. 

Escolhemos quando o publicamos. 

Escolhemos como começamos o texto.

Escolhemos como terminamos o texto.

Escolhemos a informação que vamos dar. 

Escolhemos a hierarquia dessa informação. 

Escolhemos as fotografias.

 

E foi aqui que me parei estes dias. A escrever sobre feminismo a propósito do trabalho de uma investigadora portuguesa e a censurar-me de usar uma fotografia em que ela aparece com as pernas de fora

A entrevistada tirou fotos com um macação de calções e é uma pessoa muito bonita. Numa das fotos está mesmo sexy, pernas de fora, cabelo penteado para o lado. E eu pus uma foto em que ela está bonita e bem, mas não se vê o corpo inteiro. Porquê? Porque na minha cabeça ela é uma investigadora respeitada e apresentá-la dessa forma retiraria credibilidade ao trabalho dela. Eis a ratoeira: o trabalho dela vale porque vale, e eu sei que vale, e a apresentação dela devia ser a que for. Uma coisa não colide com a outra, a não ser entre mentes mesquinhas, e eu sei disso, porque acompanho o trabalho. E, no entanto, cedi, achando que não me cabia a mim desafiar as regras do que é suposto uma universitária parecer -- sisuda, séria, sem corpo. 

É isso o machismo das pequenas coisas, a que só podemos fugir pensando nele e explicando aos que chegam a este mundo que o rigor científico não sai beliscado pelo uso de calções. 

 

Rumo aos 42? Já lá estou e nem dei por nada

A minha iniciativa redundou num fracasso e, sendo perfeitamente, objetiva este foi um dos aniversários mais sem história de sempre. Deve ser a vida. A gente vai andando, andando, começa a dar importância a outras coisas, hoje não tem tempo, amanhã não pode, na segunda logo se vê, os dias passam e em pouco tempo estamos lá outra vez. Passou mais um ano e nada de jeito ficou para contar, o que não deixa de ser boa notícia. Afinal, há saúde e trabalho. É a coisa mais contraditória de sempre. Se estamos bem podemos passar sem celebrações, grandes ou pequenas; se estamos mal agarramos tudo com unhas e dentes. Ridículo, isto.

Elas

image.jpg

Mãe e filha são das Honduras. Passaram um mês em viagem, sabe Deus como, para chegar à fronteira com os EUA e entrar nesse país. Soubemos delas pelas fotografias do norte-americano John Moore que passou dias com a polícia fronteiriça e viu de perto o que é tentar a sorte, ser apanhado, detido, identificado, arriscar a deportação, e, por estes dias, ser separado de um filho.

"Eu só queria acabar com o choro dela", disse Moore, no papel de entrevistado, a propósito destas pessoas que o emocionaram, que o arrancaram do papel de jornalista ou, justamente, o puseram realmente no papel de jornalista (ainda não sei bem). Desconhecemos os seus nomes, detalhe sem importância, já que mãe e filha são, na verdade, rostos da crueldade. 

Os números não são oficiais, nem sequer claros. Alguns jornais falam em mais de 1300 menores, outros em cerca de 2000, o The New York Times escreveu 2300. Alguns viajavam sozinhos, outros foram separados das famílias.

Há outra crueldade. Imaginar, como imagina a secretária de Estado da Segurança Interna dos EUA, Kritjen Nielsen, que há quem 'mande' os filhos numa jornada de meses, às mãos de máfias, porque acha excelente ideia. Porque acha que é boa solução. É o que ela quer dizer quando afirma que "a vasta maioria das crianças ao cuidado da Segurança Interna foi mandada sozinha pelos pais para aqui", não é? É tão fácil estarmos sentados nos nossos sofás confortáveis, com o frigroífico cheio, a certeza de bons cuidados de saúde e educação e acreditar o mundo inteiro vive da mesma forma...

 

 

Rumo aos 42. Dia 18. Aquele cadinho de liberdade

Algures no final de 2017, propuseram-me ter uma abordagem diferente aqui no blogue. Em vez de escrever unicamente sobre o que quero, e à hora que quero, passaria a escrever sobre assuntos concretos. O dia da mãe e o dos namorados, a polémico do dia ou sobre férias e feriados. Isso poderia ter contrapartidas. A bem dizer, eu escrevo por dinheiro e não repudio a ideia. No passado eu poderia ter aberto essa porta. Mas, entretanto, eu fui descobrindo muitas coisas, graças sobretudo ao facto de as ter ido escrevendo. Que é preciso manter uma certa limpeza. Que este é aquele cadinho de liberdade incondicional que a todos nos assiste e que não o posso desbaratar. Tornou-se bem sério o caso. E embora eu escreva cada vez menos e os blogues até estejam em vias de extinção, gosto cada vez mais dele -- aquele sítio onde tudo é possível. Três posts por dia. Um por semana. A cada três meses.

GracielaIturbide%255B7%255D-2.jpg

 

|Crédito: Senhora das Iguanas, de Graciela Iturbide|

 

Atrás das teclas

foto do autor

Arquivo

  1. 2018
  2. J
  3. F
  4. M
  5. A
  6. M
  7. J
  8. J
  9. A
  10. S
  11. O
  12. N
  13. D
  14. 2017
  15. J
  16. F
  17. M
  18. A
  19. M
  20. J
  21. J
  22. A
  23. S
  24. O
  25. N
  26. D
  27. 2016
  28. J
  29. F
  30. M
  31. A
  32. M
  33. J
  34. J
  35. A
  36. S
  37. O
  38. N
  39. D
  40. 2015
  41. J
  42. F
  43. M
  44. A
  45. M
  46. J
  47. J
  48. A
  49. S
  50. O
  51. N
  52. D
  53. 2014
  54. J
  55. F
  56. M
  57. A
  58. M
  59. J
  60. J
  61. A
  62. S
  63. O
  64. N
  65. D
  66. 2013
  67. J
  68. F
  69. M
  70. A
  71. M
  72. J
  73. J
  74. A
  75. S
  76. O
  77. N
  78. D
  79. 2012
  80. J
  81. F
  82. M
  83. A
  84. M
  85. J
  86. J
  87. A
  88. S
  89. O
  90. N
  91. D
  92. 2011
  93. J
  94. F
  95. M
  96. A
  97. M
  98. J
  99. J
  100. A
  101. S
  102. O
  103. N
  104. D
  105. 2010
  106. J
  107. F
  108. M
  109. A
  110. M
  111. J
  112. J
  113. A
  114. S
  115. O
  116. N
  117. D
  118. 2009
  119. J
  120. F
  121. M
  122. A
  123. M
  124. J
  125. J
  126. A
  127. S
  128. O
  129. N
  130. D
  131. 2008
  132. J
  133. F
  134. M
  135. A
  136. M
  137. J
  138. J
  139. A
  140. S
  141. O
  142. N
  143. D
  144. 2007
  145. J
  146. F
  147. M
  148. A
  149. M
  150. J
  151. J
  152. A
  153. S
  154. O
  155. N
  156. D